Coexistencia

Nuestra coexistencia me dejaba llevar a un mar abierto y abrupto, a no pensar, a sentir que si pienso no querría existir más. Mi desolada razón de ser se concentraba en nadar a una tierra ficticia y firme donde poderme ocultar. Mientras tanto el mar abierto me inundaba la garganta y no me dejaba cantar más. Mis voces del pasado insistían en resurgir, sinceramente inoportunas para obligarme a nadar. A nadar en un mar de lágrimas bañadas en sal, deconstruidas por no tener capitán.